El Ayuntamiento de Pamplona organizó el viernes una salida nocturna para observar las Perseidas. Los excursionistas regresaron a casa con varias estrellas fugaces en sus retinas y más conocimientos sobre la inmensidad del espacio.
Las estrellas no son patrimonio del Pekín olímpico o del Hollywood más glamuroso. Las Perseidas son las auténticas protagonistas del firmamento, esta vez en sentido literal, y como viene siendo habitual en los últimos ocho años el Ayuntamiento de Pamplona organizó una salida para observar la lluvia de estrellas característica en estas fechas.
El cielo nublado y la Luna creciente presagiaban que no iba a ser una incursión muy fructífera, pero por fortuna las previsiones no se cumplieron.
según Iosu Redín, el guía de la excursión y gran conocedor de los entresijos del firmamento, "la contaminación es el monstruo de siete cabezas, y a este paso pronto tendrá 700. Es la maldición de la astronomía, no hay manera de concienciar de que es más barato iluminar bien las calles hacia abajo que tirar millones de euros iluminando el cielo".
El crepúsculo tomaba la sierra cuando los excursionistas se dispusieron a escuchar con atención las explicaciones, didácticas e hilarantes, de Redín. Porque aunque las reinas indiscutibles eran las estrellas fugaces otros "rostros" habituales del sistema solar fueron mentados para conocer mejor su comportamiento.
Con la caída de la noche el resplandor de Júpiter fue el primero que apareció, mientras el cielo se iba cuajando lentamente de estrellas y constelaciones fácilmente reconocibles: el triángulo de verano, compuesto por Vega, Altair y Deneb; la W de la constelación de Casiopea; la Osa Mayor y Menor, Sagitario, la lejana Andrómeda...
Al amparo de la nocturnidad, el potente telescopio sirvió para que los excursionistas pudieran contemplar la belleza de la escarpada orografía de la Luna y sus cráteres.
La primera estrella fugaz fue vista por muchos componentes del grupo, a juzgar por el grito unánime lanzado, y a partir de ahí fueron constantes los comentarios sobre los satélites que cruzaban o las estrellas fugaces mientras se formulaban deseos.
Que los deseos se cumplan es otro cantar...

